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domingo, 6 de marzo de 2016

#Leccionesdeperiodismo

“Uno de los fallos más grandes que encuentro en el periodismo actual es que le falta una base cultural; los periodistas no tienen tiempo para leer, ni siquiera, de leer el periódico. Tampoco tienen tiempo para hacer su trabajo; hay muchos que necesitan tres días y no se les da más que uno, como mucho”. 

Gabriel García Márquez


Archivo: ElEspectador


viernes, 13 de noviembre de 2015

El periodista "polémico"

Aprovechan que no existe ningún tipo de filtro en las redes sociales. Lanzan afirmaciones, ataques y cuestionamientos a diestra y siniestra, algunas veces protagonizan peleas con otros usuarios, otras solamente callan y pocos días después emiten otro mensaje para levantar una nueva polémica.

Sus publicaciones en la red social Twitter van en contravía de algunos de los principios fundamentales del periodismo: la corroboración de fuentes, la presentación de información precisa y la objetividad. Lo peor de todo es que son periodistas, pero pareciera que sus publicaciones van dirigidas a llamar la atención, generar polémica y a aumentar sus seguidores.

Pese a que uno goza de mi respeto y admiración por las denuncias hechas sobre la gigantesca corrupción en el departamento de La Guajira, en ciertos momentos ha desatinado y se ha ido en lanza en ristre contra colegas, funcionarios públicos y particulares sin prueba alguna.

Ante las advertencias, solicitudes de aclaración o ampliación de sus mensajes se ha hecho el de la vista gorda y no ha emitido mensaje alguno. Hace pocos días, cuando el país y el mundo conmemoraban 30 años de la tragedia de Armero emitió un trino que dejó a más de uno pensando.

Algunos lo retuitiaron y le dieron favorito, otros se fueron lanza en ristre en contra del protagonista de su trino a quien calificaron de poco ético, de buitre por aprovecharse de la situación y macabro. Solamente una persona pidió una aclaración.

El mensaje señalaba: “Germán Santamaría nunca vio a Omaira, la niña de Armero sobre la que escribió una crónica. Lo desenmascaró Javier Arango en 1986”. El periodista Gonzalo Guillén hacía referencia al artículo publicado en el diario El Tiempo en noviembre de 1987 frente al “símbolo” de la tragedia.

Se trataba de Germán Santamaría el considerado “reportero estrella” del diario y enviado especial al cubrimiento de la tragedia. En su crónica, laureada por propios y extraños, se vislumbraba el hecho que se trataba de un hecho que pudo ser prevenido por parte de las autoridades gubernamentales.

Representaba el rostro de Omaira, la niña que estuvo aferrada a un palo clamando por ayuda bajo los flashes de las cámaras de medios nacionales e internacionales. Santamaría pidió una motobomba que nunca llegó mientras la menor de edad desfallecía ante la vista de todo el mundo. 

Pese a la intensa búsqueda en diferentes páginas de internet no encontré un solo artículo o mención que confirmara lo dicho por Guillén. Utilizando diferentes palabras claves intenté por todos los medios posibles hallar un punto, un algo, una referencia a esa aseveración, terrible aseveración si se tiene en cuenta que se juega con el buen nombre de un periodista.

Nada, ni una sola mención que sostuviera el desenmascaramiento a Santamaría por parte de Arango, médico de profesión y una de las personas que ayudó a salvar a los sobrevivientes de Armero. En ningún artículo se señalaba lo que afirmaba el corresponsal del Nuevo Herald en Colombia.

¿Dónde está el soporte? A estas alturas de la vida el médico Arango no puede hacer ninguna confirmación puesto que ya falleció, no hay ningún registro de lo dicho por Guillén. ¿Habrá sido un trino al azar? Me parece inconcebible viviendo de quién lo dijo. ¿Habrá algo más de fondo? Todo parece indicar que sí.

En su cuenta de Twitter @HELIODOPETERO además de hacer denuncias sobre corrupción, los cientos de niños muertos por desnutrición en La Guajira y los nexos de candidatos políticos en las pasadas elecciones departamentales y locales con oscuros personajes también ha protagonizado “peleas” con otros usuarios.

Ha hecho señalamientos en contra de la actual directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Cristina Plazas Michelsen a quien después de cada mención le pone un (¡hic!). Además de señalamientos contra la entonces candidata y ahora gobernadora electa de La Guajira, expresidentes, senadores y periodistas.

La mayoría de sus acusaciones tienen un soporte, ya sea testimonial o documental, pero en el caso de Santamaría fue un señalamiento del cual nunca se presentó un soporte, dejando entredicho su ética periodística ya que se le tildó de escribir sobre un tema sin haber estado ahí, una antítesis del periodismo.

La especulación

Desde hace muchos años el periodismo deportivo se ha convertido en el escenario perfecto para aplicar el arte de la especulación, más aún cuando se trata del tema de los fichajes de jugadores de fútbol. Ofertas, propuestas, deseos, entre otros llenan los titulares cuando se hace referencia a un club y a un determinado jugador.

Casi siempre estas multimillonarias ofertas solamente están en la cabeza del periodista quien, sin pensarlo dos veces, escribe, comenta, manifiesta abiertamente lo que para él es un deseo de un club por tener los derechos de un jugador. Solamente en su imaginación lo ve con todas las camisetas.

La especulación en la economía, más precisamente en el mercado bursátil es un arte, en el periodismo es un desacierto de gigantescas proporciones. No han sido pocos los intereses del Barcelona por Falcao, Cuadrado, James, Quintero, y un largo etcétera. Las fuentes para esta clase de afirmaciones: ninguna.

Un día es un equipo, al otro día es el otro, una semana después es otro jugador y al final de cuentas ni lo uno ni lo otro. Lo hacen porque nadie los rectifica y porque ese tipo de rumores les encanta a la audiencia, tienen toda su atención, genera debate, cuestionamientos y preguntas.

En el marco de las eliminatorias al Mundial estos rumores aumentan, ponen a jugadores nacionales en los grandes de Europa. Rueda la bola, pasan los dos partidos y al final nada, muy pocos cambios, y la especulación merma pero no se acaba. Cuando están cortos de noticias salen a relucir con “sus multimillonarias transferencias”.

¿Sus fuentes? Todo parece indicar que es la almohada o esas largas horas en el tráfico o el deseo de llenar un espacio radial, una página en blanco o 140 caracteres para generar seguidores y aumentar su popularidad. Para ellos la frase “no importa si hablan bien o mal pero que hablen” es una ley de la vida.

Hace pocos días, minutos antes de iniciarse el partido entre Chile y Colombia el comentarista deportivo Jorge Bermúdez –no confundir con el exjugador y capitán de Boca Juniors y la Selección Colombia- aseguró en su cuenta de Twitter –la preferida para armar polémica hoy por hoy- aseguró que el técnico del Bayern Múnich, Pep Guardiola estaba muy interesado en el jugador Edwin Cardona que militar en el Monterrey de México.

De inmediato se presentó una avalancha de cuestionamientos, críticas y uno que otro madrazo. Los calificativos: mediocre, mentiroso, fanfarrón, pseudoperiodista, entre muchos otros de mayor calibre se registraron, a lo que el periodista les daba retuit sin importar la fuerza de las palabras y menciones.

No era la primera vez y tampoco será la última que haga algo así, sabe que ese tipo de publicaciones lo ponen en el mapa y genera reacciones. ¿Quién lo va a llamar a rectificar? ¿Guardiola, Cardona, el Bayern Múnich? Nadie, absolutamente nadie, porque sabe que el periodismo deportivo se basa ahora en esas especulaciones.