Y aunque muchos lo duden, Adolf Hitler tampoco está muerto o por lo menos no se suicidó el 30 de abril de 1945 en su bunker mientras las tropas rusas. Eso es lo que afirman muchos que basándose en varias investigaciones realizadas ... Otros aseguran que han incoherencias en lo dicho sobre la muerte del dictador alemán.
El 9 de julio de 1998, el diario sensacionalista alemán Blind publicó un artículo donde destapaba la investigación que el FBI realizó por más de 20 años trando de encontrar algún rastro que comprobara el rumor sobre el escape de Adolf Hitler de Alemania en 1945 hacia Argentina en un submarino junto a su amante Eva Braun, otra mujer, un médico y un grupo de 50 hombres fuertemente armados.
Esta información fue recapitulada por el periódico El Clarín de Argentina. En este se informa que el FBI creyó que el líder nazi había desembarcado en la península de Valdés y luego de sobornar a alugnos funcionarios argentinos entró secretamente a la Patagonía. Aunque nunca se llegó a comprobar este hech0, la investigación si logro verificar que varios submarinos alemanes merodearon por el Atlántico Sur y que muchos nazis se refugiaron en Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia.
La revista alemana Der Speiegel publicaría en abril de 1995 una investigación en la que se revelaba que la KGB ordenó quemar el cadáver de Hitler, luego de sacarlos de una tumba en la ciudad deMagdeburgo y enviarlo a la capital rusa. Según el informe, el cuerpo del führer fue conservado por los soviéticos hasta 1970. Hoy en día los únicos restos que se conocen del cadaver de Hitler son un fragmento de su mandíbula y algunos huesos y están guardados en Moscú.
El 6 de noviembre de 1945 un hombre llamó al jefe máximo del FBI, Edgar Hoover, y le dijo que había visto a Hitler en una calle de Nueva York. Ocho días después se recibieron dos llamadas en las que se informaba que el líder nazi tenía un rancho en Nuevo México y que había entrado a Estados Unidos por la costa de California.
Casi un año después, un hombre aseguró que Hitler vivía en Argentina y que era dueña de un hotel a 700 kilómetros de Buenos Aires. El 30 de noviembre de 1946, otro hombre dijo que su madre había visto al dictador trabajando en un subteráneo en Nueva York, mientras que otra persona aseguró habérselo topado en un vuelo de España a Estados Unidos.
Pero lo que no pudo hacer la organización policial más grande de Estados Unidos, lo hizo la periodista Isabel García. La comunicadora española sí encontró a un Adolf Hitler en un pueblito de 20.000 habitantes al sur occidente de Ecuador trabajando como juez. Y para más muestras de su destreza, a falta de uno García encontró a 3 personas con el nombre de Hitler en sus certificados de nacimiento.
Adolfo Hitler Flores de Valga Alava nació el 12 de julio de 1941 en plena Segunda Guerra Mundial. Mientras Adolfito, como le dicen sus amigos más cercanos, llegaba a este mundo, a miles de kilómetros de distancia, en Londres, Charles de Gaulle y Wiston Churchill firmaban la primera Carta de las Naciones Unidas para evitarle al futuro agresiones a la paz mundial como la que en aquellos meses escenificaba el III Reich.
Pese a la mala fama de su homónimo el juez Adolfo Hitler Flores se quedó el nombre, pero nadie se atreve a llamarle Hitler, y se queda para sus vecinos en un más discreto Adolfo. Gracias a que su padre decidiera ponerle el nombre completo del genocida lo libra del oprobio. Menos suerte corrieron Hitler Corral, el mecánico, y Hitler Mendoza, el de "allá abajo".
El padre del conocido y respetado juez no hacía más que escuchar en aquellas viejas radios de onda media que un tal Hitler estaba haciéndose con toda Europa. Y no se le ocurrió otra cosa que honrar sus hazañas llamando así al quinto de sus 17 hijos. Eso, al menos, es lo que piensa el damnificado, Adolfo Hitler Flores de Valgas Alava, puesto que su ingenioso padre ya no está para contarlo.
Según él, a su padre "Le impresionó que Hitler pudiera reconstruir Alemania después de lo mal que quedó en la Primera Guerra Mundial", intenta justificar esta víctima onomástica y colateral del führer. Pero no cuela. Aunque afirma con total convicción que no le gusta su nombre y en varios ocasiones pensó cambiarlo por que es un motivo de burla, pero no lo ha hecho por respeto a su padre. En su despacho hay un ejemplar de Mi lucha, el ideario del genocida nazi. Adolfo (Hitler) lo muestra. "Para criticar hay que conocer". Y que nadie se atreva a decirle Hitler, que se cabrea. "Mejor Adolfo".