¿Por qué en Colombia se tiene que morir uno para que recibir un reconocimiento? La gran mayoría de los colombianos lloraron -y con razón- la muerte de Rafael Escalona y pusieron nuevamente sus canciones a retumbar por todas las esquinas y en todas las emisoras radiales, aunque el compositor nacido en el Patillal, César, no tuviera los derechos de éstas. También se le rindieron múltiples homenajes, empezando por el presidente de la República hasta el más humilde de sus admiradores.
Los medios de comunicación recordaron su vida, su obra, sus composiciones y sus amoríos. Le rindieron un más que merecido tributo, pese a que por muchos años lo olvidaron y su obra fue explotada inmisericordemente por ciertos empresarios que cobran millonadas por los derechos de sus canciones pero que nunca le dieron un peso y que año tras año le rebajaron los derechos de sus propias canciones. Sí, los mismos que lo pusieron en un comercial para decir que eran los defensores de los derechos del autor, pero que hasta su último día no le dieron el reconocimiento que debían darle y por el cual la esposa e hijos de Escalona prometieron una denuncia penal.
En su funeral reconocidos artistas le cantaron, otros recurriendo a la letra de una de sus canciones más populares no le lloraron sino que brindaron porque el "maestro" pasó a una mejor vida, brindaron por todo lo que dejó, porque él dijo muchas veces que no quería que lloraran por él, aunque algunos sí lo hicieron, otros curiosamente siempre frente a una cámara de televisión y otras simplemente se vistieron de negro para presentar el noticiero de las siete. Pero en fin, Escalona yace hoy en el cementerio del sitio que lo vio nacer y muy probablemente mañana será olvidado por todos los colombianos.
Este mismo día a las 4:20 de la mañana en el hospital de Santa Clara de Bogotá, murió víctima de una insuficiencia renal luego de padecer durante varios años una diabetes crónica el payaso 'Bebé'. Se despidió de este mundo después de sufrir por más de 10 años. En 1997 le amputaron su pierna izquierda, pasó de ser un payaso bonachón de 120 kilos a un ser casi irreconocible de 56, triste por el olvido en el que terminó sumido y diabetico. Su último hogar fue un humilde hogar de ancianos de bajos recursos de la Alcaldía Mayor.
Su hermano ‘Tuerquita’ recordó “las buenas épocas en las que todo el país nos aclamaba, nos aplaudía, nos admiraba y se reía con nosotros. Después, ‘Bebé’ empezó a desaparecer y nadie nos acompañó”.
Luis Miguel Noya Sanmartín, nació en Ipiales en 1948 en una familia de cirqueros chilenos. Desde niño siguió los pasos de su padre, Alberto Noya, ‘Pernito’, con el que empezó a trabajar a principios de los años 70 en el popular programa de televisión Animalandia, conducido por Fernando González Pacheco. Por casi dos décadas ‘Bebé’, su hermano ‘Tuerquita’ y ‘Pernito’ atornillaron frente a la pantalla a los niños los domingos con carcajadas y concursos como ‘A mí Gelada o nada’. ‘Bebé’ también participó en los programas Ojo Pelao, Travesuras de Bebé y Buenos Días Bulliciosos. Tras salir de la televisión, la familia viajó en los años 90 por Colombia, Perú y Ecuador con El Fabuloso Circo de Bebé.
Para algunos de sus admiradores "el ya legendario payaso no murió de una afección renal o de diabetes, como se ha dicho, lo mató algo peor: la tristeza". Su melancolía, que fue más aguda en los últimos años de su vida y que se le notaba en el rostro, se debió a la ingratitud y al abandono, aunque algunas personas de la televisión lo visitaban con frecuencia.
Bebé quería trabajar, volver a ser payaso de niños, pero ya no podía por su enfermedad. Lo más drámatico es que esa sed de querer y no poder expresar su alegría, su gracia, en el medio, también la padecieron de alguna manera el propio 'Tuerquita'
"Adiós a Bebé" matadorcartoons.blogspot.com