Lo desmintió por todos los medios posibles. Pese a los rumores y a las noticias diarias que hablaban de su inminente y, multimillonario traspaso, al AS Monaco FC de Francia, un equipo que acaba de ascender a la primera división gala. Aseguró que su corazón estaba en el Atlético de Madrid, que ahí se quedaría y nunca se marcharía.
El nombre de Falcao se había convertido en una obsesión para el nuevo dueño del equipo, el multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev, quien quería continuar con la moda de comprar un club, llenarlo de estrellas y demostrar, y alardear obviamente, de su poderío económico en las canchas. En su proyecto figuraban jugadores de tipo 'galáctico', el término que hizo famoso el Real Madrid, a principios del milenio.
Llevaba dos años en el Atlético de Madrid y en su palmares ya registraba una Europa League (antes Copa UEFA) y una Súpercopa de Europa, consolidándose como figura con sus anotaciones en las dos competiciones. El equipo colchonero había ocupado la tercera plaza en la Liga Española y estaba recuperando, de la mano de Diego Pablo Simeone. el brillo que había perdido por décadas. Esa ubicación en la Liga le daba un paso directo a la Champions Legue.
Lo tenía todo para continuar con la gloria, pero por 65 millones de dólares, Falcao pasó al equipo del principado. Desde el primer momento defendió el proyecto, manifestaba que el Monaco lo iba a ganar todo, iba a figurar como uno de los grandes de Europa. La mayoría sabían que eso era una utopía y que el interés económico -que lo convertía en uno de los mejores pagados de Europa- había superado el amor por el fútbol, ahí cambió su figura.
Llegó a un equipo que pese a que estaba plagado de "estrellas" no pintaba nada bien. Como dicen por ahí, 'mucho cacique y poco indio'. El equipo dirigido por el italiano Claudio Ranieri no ganó un solo titulo pese a la millonaria inversión. La Liga fue para el Paris Saint-Germain, fue eliminado en semifinales de la Copa de Francia por el modesto EA Guingamp. Debido a su reciente ascenso no disputó un torneo internacional de renombre.
Los goles de Falcao, pese a que eran reproducidos en los medios, no eran los mismos. Su imagen se fue cayendo y una lesión tras otra lo alejaron de las canchas por varios periodos. Empezó la presión mediática, tal vez por eso regresó a la competencia antes de estar listo y recuperado en un ciento por ciento. Eso se notó inmediatamente en su desempeño y en sus recaídas.
Su anterior equipo, con pocos jugadores de renombre, acaparaba todo tipo de buenas críticas debido a su destacado papel en la conocida 'Liga de las estrellas', de la cual Falcao ya no era participe. A esto se le sumaba su clasificación a etapas semifinales de la UEFA Champions League donde enfrentaría al Barcelona. Ya no era el mismo equipo y se posicionaba como favorito para llegar a la final, un hecho histórico para los colchoneros.
Pero lo peor estaba por llegar. Protagonista, figura, imagen y líder de la Selección Colombia, goleador y 'estrella' en el partido histórico contra Chile en el Metropolitano en el que anotó dos goles que sellaron la clasificación al Mundial de Brasil 2014. A cinco meses de la cita mundialista, su gran sueño, Falcao sufrió una lesión en una jugada excesiva e innecesaria. Un defensor del modesto Chasselay, de la quinta división gala, golpeó fuertemente su pierna izquierda en un partido de la Copa de Francia.
Preocupación en el banquillo, quien en repetidas oportunidades le había denunciado al cuerpo arbitral la dureza del equipo visitante, quien ya estaba debajo del marcador tres goles a cero. El minuto 43 marcó la tragedia para el jugador colombiano, quien pese a que fue trasladado inmediatamente para una evaluación ya se presentía lo peor. Tres días después se confirmaría que estaría fuera seis meses de cualquier tipo de competencia.
"Lesión de ligamento cruzado anterior en su rodilla izquierda": ese era el desgarrador diagnostico que dejaba bastante lejos del Mundial al delantero de 27 años. Se empezó una carrera contra el tiempo para su recuperación, una tarea aunque admirable desde el punto de vista médico era un despropósito puesto que se estaba presionando nuevamente el cuerpo de un jugador que no estaba totalmente recuperado de sus dolencias anteriores. ¿Marketing? ¿Presión de las directivas? ¿Un aviso de mala suerte para Colombia? Esto no importó, y el técnico argentino José Néstor Pekermán contra muchos rumores, y sobre todo contra muchas presiones, descartó al samario del equipo que viajaría a Brasil.
En la rueda de prensa en la que anunció su decisión lo acompañó a su mano derecha el jugador del Mónaco quien no pudo evitar la tristeza ni las lágrimas ante las preguntas de los periodistas. Era un dolor inmenso, estaba perdiendo su sueños e ilusiones, quería jugar el Mundial pero ya no podía. Quería asistir a esa histórica cita que solamente se vive cada cuatro años y por la que había luchado tanto vistiendo la camiseta tricolor.