Al
autodenominado “decano del periodismo en Colombia”, aquel que se vanagloria y
asegura ser el cuarto poder, le tembló la mano y la voz ante la orden de una
ministra cuya ética y capacidad han sido puestas siempre en duda. Ante la
amenaza –porque no había nada firmado- prefirió apagar los micrófonos y dejar
en el espacio una de las mayores tragedias en la historia del país.
El "decano" prefirió cerrar la transmisión cuando el Palacio de Justicia ardía en llamas. No fue el único, otros reconocidos directores de medios de comunicación sucumbieron ante la amenaza frente a la cancelación de la licencia por parte del Ministerio de Comunicaciones. Ni dijo nada, no peleó, no espero a ver si el Gobierno era capaz de cumplir.
Se acabó la transmisión, rodó el balón y la verdad fue silenciada. Hoy 30 años después no les tiembla la voz para hablar de censura cuando evidentemente fue una autocesura. No utilizaron su poder, del que tanto proclaman, para enfrentarse al Gobierno, prefirieron silenciarse y no advertir lo que estaba pasando.
Días después se conoció la razón de la autocensura. Una llamada de la ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín dando la escueta orden fue suficiente para que se cancelara la transmisión y se dejara a la deriva los horrores, abuso de las Fuerzas Militares y vacío de poder del presidente Belisario Betancur.
El decano nunca ha hecho mea culpa de ese hecho, siempre ha justificado su acción, siempre ha responsabilizado a otras personas, él siempre tiene razón, nunca se equivoca, y este no iba a ser la excepción. Ahora pide justicia y verdad, desconoce por completo que él también tiene su parte en estos hechos.
Al autodenominado decano no le tembló la voz, el 14 de noviembre, en llamar "irresponsable" al voluntario de la Defensa Civil de Venadillo, Leopoldo Guevara cuando informó sobre la explosión del Volcán Nevado del Ruiz. "Armero es un mar de lodo". El periodista no creía la revelación de uno de los testigos directos de la tragedia.
Como si en Colombia no pasarán cosas inverosímiles Amad no le creyó. Al aire lo increpó y le pidió que no jugara con una información así. El periodista no le daba credibilidad a su dicho, "¡25 mil muertos!", aseguraba que el voluntario cuyo dicho había sido ridiculizado por el presidente Betancur y su Secretario de Gobierno.
"¿Cuántos habitantes tiene Armero?". El voluntario le dijo que 25.000 a lo que Yamid le increpó: ¿Entonces usted está diciendo que murieron 25.000 personas?". "Pues si", contestó Leopoldo en un testimonio recolectado en el impecable especial de El País de Cali en conmemoración de los 30 años de la Tragedia.
En 1986, un año después de los hechos, el decano le ofreció disculpas al voluntario de la Defensa Civil, un héroe que rescató a varios sobrevivientes. Desde Bogotá el periodista le restó credibilidad al testigo que minutos antes había visto con sus propios ojos una de las peores catástrofes de la historia de la humanidad.
El "decano" prefirió cerrar la transmisión cuando el Palacio de Justicia ardía en llamas. No fue el único, otros reconocidos directores de medios de comunicación sucumbieron ante la amenaza frente a la cancelación de la licencia por parte del Ministerio de Comunicaciones. Ni dijo nada, no peleó, no espero a ver si el Gobierno era capaz de cumplir.
Se acabó la transmisión, rodó el balón y la verdad fue silenciada. Hoy 30 años después no les tiembla la voz para hablar de censura cuando evidentemente fue una autocesura. No utilizaron su poder, del que tanto proclaman, para enfrentarse al Gobierno, prefirieron silenciarse y no advertir lo que estaba pasando.
Días después se conoció la razón de la autocensura. Una llamada de la ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín dando la escueta orden fue suficiente para que se cancelara la transmisión y se dejara a la deriva los horrores, abuso de las Fuerzas Militares y vacío de poder del presidente Belisario Betancur.
El decano nunca ha hecho mea culpa de ese hecho, siempre ha justificado su acción, siempre ha responsabilizado a otras personas, él siempre tiene razón, nunca se equivoca, y este no iba a ser la excepción. Ahora pide justicia y verdad, desconoce por completo que él también tiene su parte en estos hechos.
Al autodenominado decano no le tembló la voz, el 14 de noviembre, en llamar "irresponsable" al voluntario de la Defensa Civil de Venadillo, Leopoldo Guevara cuando informó sobre la explosión del Volcán Nevado del Ruiz. "Armero es un mar de lodo". El periodista no creía la revelación de uno de los testigos directos de la tragedia.
Como si en Colombia no pasarán cosas inverosímiles Amad no le creyó. Al aire lo increpó y le pidió que no jugara con una información así. El periodista no le daba credibilidad a su dicho, "¡25 mil muertos!", aseguraba que el voluntario cuyo dicho había sido ridiculizado por el presidente Betancur y su Secretario de Gobierno.
"¿Cuántos habitantes tiene Armero?". El voluntario le dijo que 25.000 a lo que Yamid le increpó: ¿Entonces usted está diciendo que murieron 25.000 personas?". "Pues si", contestó Leopoldo en un testimonio recolectado en el impecable especial de El País de Cali en conmemoración de los 30 años de la Tragedia.
En 1986, un año después de los hechos, el decano le ofreció disculpas al voluntario de la Defensa Civil, un héroe que rescató a varios sobrevivientes. Desde Bogotá el periodista le restó credibilidad al testigo que minutos antes había visto con sus propios ojos una de las peores catástrofes de la historia de la humanidad.